Repensando la participación política ciudadana

La participación política ciudadana aparece -en los papeles- como uno de los fuertes pilares en la construcción de gobiernos abiertos a nivel global. Sin embargo, a diferencia de las campañas de transparencia y de los cuasi-compulsivos estándares de apertura de datos, es sorprendente como la participación política ciudadana y su institucionalización están todavía inmóviles frente al cambio tecnológico. No es un tema menor, está en juego el futuro de las democracias en todo el mundo.

El análisis preliminar de los “auto-proclamados” gobiernos abiertos a nivel mundial – Estados Unidos, Australia, Reino Unido y España, entre otros – permite observar claramente un dato preocupante y revelador: a pesar de ser uno de sus pilares, este tipo de gestión aún no ha desarrollado nuevas ideas, tecnologías, plataformas o mecanismos que -más allá del sufragio cada dos o cuatro años- puedan enriquecer y fortalecer la participación política ciudadana.

Por el momento, no existen casos tecnologías y plataformas institucionales de gobiernos abiertos que hayan mejorado y/o agilizado el modelo de democracia representativa o que lo procuren algo más abierto, directo y conversacional. ¿Estarán los gobiernos abiertos realmente buscando el fortalecimiento de la participación política ciudadana? ¿Buscan mejorar el ejercicio y la gestión de los derechos ciudadanos fundamentales?

Es claro, las tecnologías digitales, Internet y las redes móviles han aumentado y transformado radicalmente las capacidades que tienen hoy los usuarios-finales y los ciudadanos. Ahora bien, ¿estas tecnologías van a permitirles aumentar sus capacidades de decisión y participación política o sólo les van a “facilitar” / limitar / mejorar el contacto con sus gobernantes? Es decir, ¿van servir a la soberanía popular, a la (re)distribución del poder y a las democracias?

El peligro es muy grande. Muchas de estas iniciativas pueden favorecer gobiernos supuestamente abiertos, transparentes hasta el estándar, pero profundamente anti-democráticos. Es bueno recordar que los gobiernos autoritarios también pueden ser transparentes, incluso a la hora de torturar, asesinar y desaparecer. Por ello, sin una fuerte participación política ciudadana, no queda claro si estas experiencias de administraciones se van a corresponder con ciudadanías abiertas.

Las democracias necesitan de la participación del pueblo. La acción política ciudadana debe ser la piedra basal de los gobiernos abiertos, su fuente de soberanía popular. Así, además de transparencia y datos abiertos en los poderes ejecutivos, las democracias necesitan apertura y fortalecimiento de los poderes legislativos. Los gobiernos y ciudadanías abiertas se construyen a través de la apertura y el fortalecimiento de las funciones deliberativas.

En momentos donde a nivel mundial se exige menos política y más neutralidad de la red, se limitan las movilizaciones ciudadanas en las redes sociales y se criminaliza absurdamente el derecho de copia, es muy necesario repensar y fortalecer la democracia a través de la participación política ciudadana. Estas no nacen de la benevolencia y generosidad de los gobernantes, sino de las ciudadanías fuertes, inteligentes, activas y abiertas. Más soberanía popular, mejor democracia.

* El Dr. Ariel Vercelli es Presidente de BIENES COMUNES A. C. e Investigador del CONICET / IEC-UNQ. Columna publicada en la sección de Tecnología de Télam. Sin licencia.

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